Se realizó un operativo en el primer piso de un edificio de San Telmo, a metros de Plaza Dorrego. En el lugar funcionaba una sala de juego clandestino en donde los apostadores gastaban entre 100 mil y 200 mil pesos diarios mientras que la casa recaudaba, en una buena noche, hasta 3 millones.

Para ingresar a este círculo de apostadores VIP, que se reunían tres veces por semana, había que llegar con referencias o “de la mano” de alguien, así los organizadores se aseguraban de tener sólo gente de buen estatus económico: abogados, empresarios, políticos. Cada noche se juntaban alrededor de cincuenta personas dispuestas a gastar cientos de miles de pesos para obtener el premio al ganador: una suma de 95 mil pesos y lo más importante para ellos: un trofeo que simbolizaba un triunfo más allá de lo económico: la estatuilla de “El gran apostador”.

El casino abría sus puertas a las 19:30 hs y no cerraba hasta el amanecer, cuando todos los presentes hubiesen sido eliminados excepto el ganador. La modalidad de juego se conoce como “Hi Roller” que se traduce “gran apostador”, es un sistema donde las “ciegas” (una especie de piso mínimo de apuesta) va subiendo cada media hora. Para comenzar a jugar, el apostador tiene que comprar una caja de fichas de 10 mil pesos, pero esos valores van subiendo a medida que pasa la noche. Cada media hora, el precio de las fichas se duplica, así los apostadores tienen que ingresar cada vez más dinero para comprar nuevas. Al comenzar la noche, las fichas tienen valores asignados como 100 o 200 pesos; a terminar, llegan a gastar los 25 mil. Así se van eliminando jugadores hasta quedar uno solo, que se lleva el premio de «El Gran Apostador».

Además, en cada mesa de juego se arma un pozo donde el organizador saca una comisión del 5 por ciento, lo que le deja un promedio de 300 mil pesos limpio en mano. Todo este dinero son recursos que no llegan a las arcas públicas, ya que al no ingresar por el sistema legal de Loterías y Casinos, que es el Ente Regulador, evade impuestos y no regresa a la sociedad de ningún modo.

El organizador de esta millonaria estafa es un hombre de unos cuarenta años a quien apodan irónicamente “el mudo” por su “parla” o capacidad de sortear cualquier situación con palabras. Además de esta sala, regenteaba otro en Santos Lugares que se seguirá investigando. Por otro lado, manejaba una plataforma de juego online con unos 15 mil jugadores. Para blanquear todo ese dinero negro, el Mudo tenía como fachada el negocio avícola: es dueño de varias granjas de pollo y huevos que usaba para reencauzar el efectivo en el sistema financiero legal.

El operativo arrancó a las 22 horas y encontró el casino en pleno funcionamiento. Los jugadores hacían tanto ruido que, quince días atrás, los vecinos denunciaron que allí se realizaba una fiesta clandestina. En ese momento arrancó la investigación donde se pudo descubrir todo el negocio. El Mudo había llegado a diseñar invitaciones que repartió en mano y por las redes sociales en donde ofrecía un trofeo al campeón, un plus de 5 mil pesos por puntualidad y servicios como buffet y wifi.

Los propios empleados del lugar: barman, cocineros y camareros explicaron que veían venir el fin del paraíso ilegal. Un empleado comentó: “Estaban demasiado cancheros, presumían fotos del juego y de los trofeos en las redes sociales, no les importaba nada”. El mudo y sus tres principales colaboradores quedaron detenidos a disposición de la justicia.
El operativo estuvo a cargo de la Dirección de Faltas y Contravenciones de la Policía de la Ciudad.

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